Concentración

Pregunta a osho: ¿Cómo pueden los procesos mentales ayudar a conseguir un estado de no-mente?

La pregunta es importante. La mente pregunta: ¿Cómo puede la mente misma ir más allá de la mente? ¿Cómo puede cualquier proceso mental ayudar a conseguir algo que no es de la mente?

Parece contradictorio. ¿Cómo puede tu mente intentar, hacer un esfuerzo por crear un estado que no es de la mente?

Trata de comprender. Cuando está la mente, ¿Qué hay? Un proceso de pensamiento. Cuando hay no-mente, ¿Qué hay? Ningún proceso de pensamiento. Si vas disminuyendo tu proceso de pensamiento, si vas disolviendo tu pensamiento, poco a poco, lentamente, vas alcanzando la no-mente.

Mente significa pensar; no mente significa no pensar. Y la mente puede ayudar. La mente puede ayudar a suicidarse. Te puedes suicidar; nunca preguntas cómo un hombre que está vivo puede ayudarse a sí mismo a estar muerto. Te puedes ayudar a ti mismo a estar muerto: todo el mundo está tratando de ayudar. Te puedes ayudar a ti mismo a estar muerto, y estás vivo. La mente puede ayudar a ser no-mente. ¿cómo puede ayudar la muerte?

Si el proceso de pensamiento se vuelve más y más denso, entonces estás procediendo de mente a más mente. Si el proceso de pensamiento se vuelve menos denso, es disminuido, es aminorado, te estás ayudando a ti mismo a llegar a la no-mente. Depende de ti. Y la mente puede ser de ayuda, porque en realidad la mente es lo que estás haciendo con tu consciencia ahora mismo. Si dejas a tu consciencia en paz, sin hacer nada con ella, se vuelve meditación.

De modo que hay dos posibilidades: puedes disminuir tu mente lenta, gradualmente, poco a poco. Si disminuye un uno por ciento, entonces eres noventa y nueve por ciento mente y uno por ciento no-mente dentro de ti. Es como si hubieras sacado algunos muebles de tu habitación: se crea algo de espacio en ella. Luego sacas más muebles, y se crea más espacio. Cuando has sacado todos los muebles, la habitación entera se vuelve espacio.

En realidad, el espacio no es creado sacando los muebles; el espacio ya estaba allí. Es sólo que el espacio estaba ocupado por los muebles. Cuando retiras los muebles, no entra nada de espacio, desde afuera el espacio ya estaba ahí, ocupado por los muebles. Has sacado los muebles, y el espacio es recuperado, rescatado. En el fondo, la mente es espacio ocupado, llenado por los pensamientos, se crea espacio: o se descubre, o se rescata. Si sigues retirando tus pensamientos, poco a poco vas recobrando tu espacio. Este espacio es meditación.

Puede hacerse lentamente; también de sopetón. No hay necesidad de seguir quitando los muebles durante vidas seguidas, porque hay problemas. Cuando empiezas a quitar los muebles, se crea un uno por ciento de espacio libre, y el noventa y nueve por ciento de espacio está ocupado.

Ese noventa y nueve por ciento de espacio ocupado no se sentirá bien respecto al espacio desocupado; tratará de llenarlo. De modo que uno va disminuyendo lentamente los pensamientos y, sin embargo, creando nuevos pensamientos.

Por las mañanas te sientas a meditar un rato; aminoras tu proceso de pensamiento. Luego vas al mercado, y allí hay de nuevo un ajetreo de pensamientos. El espacio es llenado de nuevo. Al día siguiente haces otra vez lo mismo, y continúas haciéndolo: echándolo, e invitándolo de nuevo a que entre.
También puedes deshacerte de todos los muebles de sopetón. Es tu decisión. Es difícil, porque te has acostumbrado a los muebles. Puede que te sientas incómodo sin los muebles; no sabrás qué hacer con ese espacio. Puede que incluso te asuste entrar en ese espacio. Nunca has entrado en semejante libertad.

La mente es un condicionamiento. Nos hemos acostumbrado a los pensamientos. ¿Has observado alguna vez-si no lo has observado, obsérvalo- que sigues repitiendo los mismos pensamientos todos los días? Eres como un disco, y además uno no demasiado reciente, nuevo: uno viejo. Sigues repitiendo y repitiendo las mismas cosas.

¿Por qué? ¿De qué te sirve? Sólo sirve para una cosa; es tan sólo un viejo hábito: te parece que estás haciendo algo.

Estás tumbado en la cama esperando a que llegue el sueño, y se repiten las mismas cosas todos los días. ¿Por qué estás haciendo eso? Ayuda de una manera. Los viejos hábitos, los condicionamientos, ayudan. Un niño necesita un juguete. Si le dan el juguete, se dormirá; entonces le puedes quitar el juguete. Pero si no tiene el juguete, el niño no se puede dormir. Es un condicionamiento. En cuanto le dan el juguete, activa algo en su mente. Ahora está listo para dormirse.

Lo mismo te está sucediendo a ti. Los juguetes pueden ser diferentes. Una persona no se puede dormir a menos que empiece a entonar: “Rama, Rama, Rama…” ¡No se puede dormir! Esto es un juguete. Si canturrea: “Rama, Rama, Rama…”, se le da el juguete; se puede dormir.

Tienes dificultades para dormirte en una nueva habitación. Si estás acostumbrado a dormir con una ropa determinada, necesitarás esa ropa concreta todos los días. Los psicólogos dicen que si duermes en pijama y no te lo dan, tendrás dificultades para dormirte. ¿Por qué? Si nunca has dormido desnudo y se te dice que duermas desnudo, no te sentirás a gusto. ¿Por qué? No hay relación entre la desnudez y dormir, pero para ti sí hay una relación, un viejo hábito.

Con los viejos hábitos uno se siente a gusto, cómodo.

Los patrones de pensamiento son también simplemente hábitos. Te sientes cómodo: los mismos pensamientos cada día, la misma rutina. Te parece que todo está bien.

Tienes intereses en tus pensamientos; ése es el problema. Tus muebles no son tan solo basura que hay que tirar; has invertido muchísimas cosas en ellos.

Se pueden tirar todos los muebles inmediatamente, ¡se puede hacer! Hay métodos súbitos de los que hablaremos. Inmediatamente, ahora mismo, puedes ser liberado de todo tu mobiliario mental.

Pero entonces, de pronto, estarás desocupado, vacío, y no sabrás quién eres. No sabrás que hacer, porque por primera vez tus viejos hábitos ya no están. Puede que el shock sea demasiado súbito. Puede incluso que te mueras, o puede que te vuelvas loco.

Es por eso por lo que los métodos súbitos no se usan. A menos que uno esté preparado, los métodos repentinos no se emplean. Uno podría volverse loco de pronto, porque puede que eche de menos todas las amarras. El pasado desaparece inmediatamente, y cuando el pasado desaparece inmediatamente no puedes concebir el futuro, porque el futuro siempre se concebía en función del pasado.

Sólo queda el presente, y nunca has estado en el presente. Estabas en el pasado o en el futuro. De manera que cuando estás simplemente en el presente por primera vez, te parece que te has vuelto mochales, loco. Es por eso por lo que los métodos súbitos no se emplean a menos que estés trabajando con un maestro en un grupo, a menos que estés totalmente entregado, a menos que hayas dedicado toda tu vida a la meditación.

De manera que los métodos graduales son buenos. Requieren mucho tiempo, pero poco a poco te vas acostumbrando al espacio. Empiezas a sentir el espacio y su belleza, su dicha, y entonces tus muebles son retirados poco a poco.

De modo que el pensamiento corriente está bien volverse contemplativo: ése es el método gradual.

De la contemplación es bueno pasar a la concentración: ése es el método gradual. Y de la concentración es bueno dar el salto a la meditación.

De esta manera estás yendo lentamente, sintiendo el terreno a cada paso. Y cuando estás realmente enraizado en un paso, sólo entonces empiezas a dar el próximo. No es un salto, sino un crecimiento gradual.

Así que estas cuatro cosas-el pensamiento corriente, la contemplación, la concentración, la meditación- son cuatro fases.

Discurso anterior: Autorrealización

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