Tantra

El buscador sincero encuentra siempre bastantes indicaciones y ayuda para seguir su vía con éxito. La iniciación tántrica en Occidente plantea un problema, expresado en la carta siguiente:

«Muy interesado en el Tantra, he leído una abundante literatura sobre el tema y considero que este modo de ser y de pensar es el más audaz que conozco. Sin embargo, no he intentado nunca una iniciación, por temor a la imagen de marca difundida en Occidente del Tantra como “yoga sexual”, que lo identifica con una serie de acrobacias lúbricas y que da origen a muchos charlatanes De modo que me permito preguntarle donde podría abordar esta práctica con serenidad, o encontrar a personas dignas de confianza».

En realidad el problema existe, y aumentará en la medida en que el Tantra vaya ganando terreno. A causa de la reputación de lubricidad que atribuyen a los tántricos sus enemigos, a causa también de la discreción de los verdaderos tántricos, hay individuos turbios que, bajo la cubierta del Tantra, se entregan -y se entregarán- a prácticas más que dudosas, Y esto también en la India, pues los auténticos Gurús tántricos allí son escasos y además la hostilidad ambiental los hace esconderse. Desconocidos por el público, es muy difícil encontrarlos.

Desde siempre el guru ha sido el pilar del Tantra, sobre todo en la Vía de la Izquierda, en la que su relación con el discípulo alcanza una intensidad y una intimidad que sólo pueden comprender los que la han vivido. Como con las fresas, para qué hablar: comiendo una sola se aprende más sobre su sabor que con todos los tratados del mundo. Sin embargo, si bien es imposible transmitir la experiencia misma, describirla ayuda a distinguir al verdadero guru tántrico de los pseudogurus.

La afirmación «cuando el discípulo está preparado, el Gurú aparece» es literalmente cierta. Pero el adagio opuesto también es verdad: «cuando el maestro está preparado, el discípulo aparece». Ni el discípulo ni el guru salen a la búsqueda uno del otro: esperan que «eso» se produzca. Este improgramable «eso» escapa al azar que rige la mayoría de los encuentros humanos.

La conclusión es simple y, aparentemente, poco alentadora: pocos de los que buscan tienen la posibilidad de encontrar un Gurú, perdón, su Gurú, no sólo en Occidente sino en la India. Entonces, ¿no tienen esperanzas? El buscador sincero encuentra siempre bastantes indicaciones y ayuda para poder seguir su vía con éxito. Un Gurú es una ayuda preciosa, irreemplazable, pero para el que tiene un verdadero deseo, hay siempre un guru supremo, el Sí mismo, que es su esencia sutil…

Para el Tantra, el saber puramente intelectual no sólo es incapaz de asegurar nuestra expansión y nuestra felicidad, sino que también es fútil, porque solamente puede arañar la superficie de las cosas. Los descubrimientos genéticos son maravillas del ingenio humano, pero disecar los genes y observarlos en el microscopio electrónico no revela la naturaleza de la Vida. Determinar la fecha de la aparición de la Vida en nuestro planeta no es verdaderamente importante. Pero, cuando el tántrico percibe que ésta es la expresión de la Vida desde los orígenes, transciende su yo limitado y desemboca en lo cósmico.

Evidentemente no todo es negativo en el balance de la Ciencia y no se trata de rechazarla en bloque, pero hay que ser consciente de sus límites, que son mucho más estrechos de lo que se cree, porque la Ciencia se basa sólo en las percepciones exteriores.

Alain Daniélou, en «Yoga, Méthode de re-intégration, escribe: «Una percepción exterior no constituye por sí sola un verdadero conocimiento, y el único medio para el hombre de obtener el conocimiento verdadero de un objeto es identificarse con él; sólo cuando es uno con él puede conocerlo tal cual es, no sólo como parece».

La Ciencia hace al hombre orgulloso, presuntuoso, y le hace subestimar la Vida. El problema no es saber si hay que rechazar la Ciencia, sino más bien que es esencial reintegrarla en una visión cósmica total y devolverle el sentido de lo sagrado.

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