Eligiendo una Meditación

Osho habla sobre la Meditación

La meditación no debiera ser algo forzado…si es forzado, se malogra desde el principio. Algo forzado nunca te hará natural. No hay necesidad de crear un conflicto innecesario.

Esto debe entenderse, porque la mente tiene una capacidad natural para meditar si le das objetos que le sean atractivos.
Si estás orientado hacia el cuerpo, hay maneras en que puedes llegar a Dios a través del cuerpo, porque el cuerpo también pertenece a Dios.

Si sientes que estás orientado hacia el corazón, entonces la oración. Si sientes que estás orientado hacia el intelecto, entonces la meditación. Pero mis meditaciones son distintas. En cierto modo, he tratado de diseñar métodos que puedan ser usados por los tres tipos. En ellas se utiliza mucho del cuerpo, mucho del corazón y mucho de la inteligencia.

Los tres están entrelazados y trabajan en distintas personas de manera diferente. Cuerpo, corazón, mente: todas mis meditaciones se mueven de la misma manera. Comienzan desde el cuerpo…se mueven a través del corazón…llegan a la mente y entonces van más allá.
Recuerda siempre: cualquier cosa que disfrutes puede llegar muy profundo en ti; solo eso puede entrar muy profundo en ti.

Disfrutarlo simplemente significa que se ajusta a ti. Su ritmo se afina a ti…hay una sutil armonía entre tu ser y el método.
Una vez que disfrutes de un método, entonces no te vuelvas mezquino: lánzate en el método cuanto más puedas. Lo puedes hacer una vez, o, si es posible, dos veces al día. Mientras más lo haga, más lo vas a disfrutar.

Sólo abandona un método cuando el goce haya desaparecido; entonces su trabajo ha terminado. Busca otro método.
Ningún método te puede llevar hasta el final… durante el viaje, tendrás que cambiar de tren muchas veces. Un método determinado te llevará hasta cierto estado. Luego de eso ya no será útil, se malgasta.

Así que hay que recordar dos cosas: cuando disfrutas de un método, profundiza en él cuanto te sea posible, pero nunca te vuelvas adicto a él, porque algún día tendrás que dejarlo. Ya no lo disfrutas, no te está dando nada, sino que se ha convertido en un hábito.

Entonces uno puede seguir practicándolo, pero te estarás moviendo en círculos, no te llevará más allá de eso. Así que deja que el goce sea el criterio…si hay goce, continúa, sigue hasta el último fragmento de goce. Hay que experimentar totalmente. No debes dejar nada de jugo…ni una sola gota. Y entonces sé capaz de dejarlo. Escoge otro método que traiga el goce nuevamente.

La persona tiene que cambiar muchas veces; varía en distintas personas…es muy excepcional que un solo método te acompañe durante toda la jornada. No hay necesidad de hacer muchas meditaciones, porque puedes hacer cosas que te confundan, cosas que sean contradictorias, y entonces surgirá el dolor.

Escoge dos meditaciones y permanece en ellas. De hecho, me gustaría que escogieras una; eso sería lo mejor.
Es mejor repetir muchas veces una meditación que se ajuste a ti. Entonces, irá más y más profundo. Tú intentas muchas cosas, un día una cosa, otro día otra cosa, e inventas tus propias meditaciones, así que puedes crear mucha confusión.

En el libro del Tantra hay 112 meditaciones. Te puedes volver loco. ¡Ya estás loco! Las meditaciones no son un chiste; en ocasiones pueden ser peligrosas. Estás jugando con el mecanismo sutil de la mente.

A veces, una cosa pequeña que no tenías conciencia de estar haciendo puede volverse peligrosa. Así que nunca trates de inventar, y no te fabriques tu propia mescolanza como meditación. Escoge dos y simplemente pruébalas durante unas pocas semanas.

Se Natural y Relajado

Uno puede obsesionarse con la meditación. Y la obsesión es el problema: estabas obsesionado con el dinero y ahora estás obsesionado con la meditación.

El dinero no es el problema: el problema es la obsesión. Estabas obsesionado con el mundo material, ahora estás obsesionado con Dios. El mundo material no es el problema, sino la obsesión.

Uno debe ser relajado y natural y no obsesionarse con nada, ni con la mente ni con la meditación.
Sólo entonces, despreocupado, sin obsesión, cuando simplemente fluyes, lo supremo te sucede.

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